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Alimentación invernal del ganado bovino: cómo cubrir el déficit energético en el sur de Chile

Cómo alimentar correctamente al ganado bovino durante el invierno en el sur de Chile: déficit energético, forraje conservado, suplementación con concentrados y cuidado de terneros.

Equipo COVEPA · 16 de mayo de 2026 · 7 min lectura
Alimentación invernal del ganado bovino: cómo cubrir el déficit energético en el sur de Chile

En el sur de Chile, el invierno no solo baja las temperaturas: reduce drásticamente la disponibilidad de pradera, que es la base de la alimentación de la mayoría de los rebaños bovinos de la zona. Esa combinación — más frío y menos pasto — es el principal desafío nutricional que enfrentan los productores de Los Lagos, Los Ríos y Aysén entre mayo y agosto.

El problema no es solo de cantidad: en invierno, el ganado necesita más energía que en verano precisamente porque gasta más calor para mantener su temperatura corporal. Si la alimentación no se ajusta, el resultado es pérdida de condición corporal, menor producción de leche, problemas reproductivos y animales más vulnerables a enfermedades. Todo eso tiene un costo concreto que se siente en la temporada siguiente.

Por qué el frío aumenta los requerimientos energéticos

Los bovinos son animales de sangre caliente que mantienen su temperatura corporal alrededor de 38,5°C independientemente del clima exterior. Cuando la temperatura ambiente cae, el animal compensa produciendo más calor metabólico — y eso requiere energía adicional que tiene que venir de algún lado. Si la ración no la aporta, el animal la saca de sus propias reservas: primero de la grasa, luego del músculo.

A esto se suma que en invierno la pradera crece muy lento o directamente no crece, y la que está disponible tiene menos materia seca por kilogramo de pasto fresco. Una vaca necesita entre 16 y 20 kg de materia seca al día para sostener su producción, y en invierno la pradera rara vez puede aportar esa cantidad por sí sola. El déficit tiene que cubrirse con forraje conservado y suplementación.

Cómo detectar que el ganado está con déficit energético

El indicador más confiable es la condición corporal (CC), una escala del 1 al 5 que evalúa las reservas de grasa del animal a través de la vista y el tacto en puntos específicos del cuerpo (lomo, costillas, cadera). Una vaca lechera en producción debería mantenerse idealmente entre 2,5 y 3,5 durante el invierno.

Señales de que el déficit ya está ocurriendo:

  • Pérdida visible de peso o hundimiento de las costillas y cadera en pocas semanas.
  • Caída en la producción de leche sin otra causa aparente.
  • Pelaje opaco o erizado, que el animal levanta como mecanismo de aislación térmica.
  • Animales apáticos, con menor movimiento y más tiempo echados.
  • Retrasos en la detección de celo o problemas reproductivos al salir del invierno — consecuencia directa de un déficit energético sostenido.

📊Dato importante: Estudios realizados en rebaños entre el Biobío y Los Lagos muestran que el balance energético negativo es más frecuente en vacas en lactancia que en vacas preparto, y su incidencia ha aumentado con la incorporación de genética de alta producción. Los animales más productivos tienen mayores requerimientos y son más sensibles al déficit invernal.

La base de la alimentación invernal: forraje conservado

La estrategia correcta para enfrentar el invierno empieza en verano y otoño, cuando hay que conservar suficiente forraje para los meses de déficit. Las opciones más comunes en el sur son:

Ensilaje de pradera: es la fuente de forraje conservado más usada en la zona. Su calidad depende directamente del momento de corte y del proceso de fermentación. Un ensilaje bien hecho aporta buena energía y proteína; uno mal fermentado pierde valor nutricional y puede causar problemas digestivos. Si no tienes análisis de tu ensilaje, es difícil saber cuánto concentrado necesitas para complementarlo.

Cultivos suplementarios de invierno: col forrajera y rutabaga son los más usados en la zona para los meses fríos. Tienen alto contenido de agua, buena digestibilidad y aportan energía, pero no deben superar el 50% de la ración total porque pueden generar desequilibrios digestivos si se introducen bruscamente.

Heno: más seco que el ensilaje, es más fácil de almacenar y manejar. Su valor nutricional varía mucho según la especie forrajera y el momento de corte. El heno de alfalfa es el de mayor calidad disponible en el mercado — también el de mayor costo.

Alfalfa en cubo o pellet: alternativa práctica cuando no hay producción propia. Mantiene buena concentración de proteína y energía, es fácil de almacenar y de racionar con precisión.

Cuándo y cómo suplementar con concentrados

El concentrado no reemplaza al forraje — lo complementa. Su función es cubrir el déficit energético o proteico que el forraje disponible no puede aportar por sí solo. Usarlo sin una base forrajera adecuada es un error frecuente y costoso: el rumen necesita fibra para funcionar correctamente.

Como referencia general para vacas lecheras en producción con base de ensilaje de pradera:

  • Vacas de producción media (15-20 litros/día): entre 3 y 5 kg de concentrado por día.
  • Vacas de alta producción (más de 20 litros/día): entre 5 y 8 kg por día, según calidad del forraje base.
  • Terneros en crecimiento: suplementación orientada a proteína y minerales para no comprometer el desarrollo óseo y muscular en los meses de menor disponibilidad de pradera.

Lo más importante es introducir cualquier cambio en la alimentación de forma gradual — al menos 7 a 10 días — para que la flora ruminal se adapte sin generar acidosis u otros desequilibrios digestivos.

💡Tip práctico: Antes de definir cuánto concentrado usar, lo ideal es contar con un análisis nutricional del ensilaje o heno que tienes disponible. La variabilidad entre lotes del mismo tipo de forraje puede ser considerable, y sin ese dato es difícil formular una ración que realmente cubra los requerimientos del rebaño.

Cereales y subproductos: opciones para complementar la ración

Además de los concentrados formulados, en el sur es común usar materias primas individuales para complementar la ración invernal, especialmente en sistemas más pequeños o cuando hay acceso a precios más convenientes:

  • Maíz partido, laminado o molido: fuente de energía de alta disponibilidad. El laminado y el molido tienen mejor digestibilidad que el grano entero. Útil para aumentar la densidad energética de la ración sin aumentar demasiado el volumen.
  • Afrechillo y harinilla de trigo: subproductos de molinería con buen aporte de energía y algo de proteína. Son económicos y de fácil manejo. Aportan fósforo, lo que hay que tener en cuenta al balancear minerales.
  • Maíz laminado: buena alternativa para terneros en crecimiento por su alta digestibilidad y palatabilidad.

Terneros: el grupo más vulnerable en invierno

Los terneros recién nacidos o de pocas semanas de vida son los más sensibles al frío y al déficit nutricional. Su sistema de termorregulación aún no está completamente desarrollado y sus reservas energéticas son mínimas. En el sur, los partos de invierno exigen un manejo especialmente cuidadoso.

  • El calostro en las primeras 6 horas de vida es innegociable: aporta inmunoglobulinas que el ternero no puede producir por sí solo y que son su principal defensa hasta que su sistema inmune madura.
  • Los sustitutos lácteos son una herramienta valiosa cuando la vaca no produce suficiente leche o en sistemas de crianza artificial. Deben ser solubles en agua tibia y aportar el balance correcto de proteína, grasa y minerales.
  • A partir de las 2-3 semanas, el ternero puede empezar a acceder a concentrado iniciador que estimula el desarrollo ruminal y acelera la transición hacia la alimentación sólida.

Lo que no puede faltar: agua y minerales

Dos puntos que se subestiman en invierno:

Agua: en clima frío, los bovinos tienden a tomar menos agua voluntariamente, pero sus requerimientos no disminuyen. Una vaca lechera en producción necesita entre 80 y 120 litros de agua al día. El agua fría reduce el consumo y afecta la digestión. Si es posible, ofrecer agua a temperatura ambiente mejora el consumo y el rendimiento.

Minerales: el invierno es una época de mayor estrés metabólico y el sistema inmune trabaja más. La suplementación mineral — calcio, fósforo, magnesio, cobre y selenio, entre los más importantes para la zona — debe mantenerse activa todo el año, no solo en temporadas productivas altas.

En Covepa encontrarás concentrados, sustitutos lácteos, cereales, alfalfa en cubo y pellet, y todo lo necesario para enfrentar el invierno con el rebaño bien alimentado. Visita la sucursal más cercana y consulta con nuestros asesores — conocen las condiciones del sur de Chile y pueden ayudarte a definir la mejor estrategia para tu sistema productivo.

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